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Ya tengo mi obra colgada en la Galería Arte Imagen. La inauguración, en la que estuve arropada por los habituales amigos de mi obra, cada vez más numerosos, y por algunas caras nuevas a las que espero seguir viendo en mis próximas exposiciones, la valoro como un éxito de organización y de resultados.
El acto se saldó con algunas obras vendidas el primer día, con importantes apariciones en la prensa, y triplicando el número de visitas en mi web. Estoy contenta porque, aunque hay quién piensa que esto del arte es fruto de la inspiración, yo sé que la inspiración, como decía Picasso, te tiene que pillar trabajando. Y esa es la clave: el trabajo, la constancia, la profesionalidad, y sobre todo, estrujar mucho el cerebro y el corazón. Cuidar la confianza de clientes y pintar; responder a las expectativas de los galeristas con profesionalidad y pintar; facilitarle el trabajo a la prensa y pintar; colaborar fielmente con colegas artistas y pintar; continuar aprendiendo y experimentando constantemente sin dejar de pintar; atender mi web y pintar; y sobre todo, vivir intensamente, y por si no quedó claro, continuar pintando. Reconozco que tengo suerte, porque me encanta pintar. Y aunque en ocasiones me pueda dar algo de pereza dejar otras cosas por subir al taller, sé que sólo tengo que dar ese paso, entrar en él y comenzar. La pintura me atrapa, y envuelta en mis ensoñaciones como las protagonistas de mis obras, suelto mis ganas de pintar y dejo que mis bocetos tomen vida y comiencen a convencerme, con sus sensuales contorsiones de forma y color, de que tienen derecho a salir del taller, de que tienen derecho a pertenecer a alguien, a ser admirados e incluso queridos. Y cuando por fin me sacan una sonrisa, sé que la obra está en su punto y no vuelvo a tocarla, con la esperanza de que el espectador también sienta esa tibia seducción. Todavía queda mucha exposición por delante (hasta el 3 de junio), y aunque la crisis nos afecta a todos, tengo muchas esperanzas en esta exposición.
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